Su primer día de servicio fue el 9 de julio de 2022, en el marco del evento Garantías de Independencia: un encuentro al que llegaron a la Unidad Penal N°15 de Batán juezas, jueces, funcionarios y funcionarias del Ministerio de Justicia, defensores oficiales y referentes del cooperativismo, para compartir un locro en lo que entonces era todavía "un espacio en construcción" entre Liberté y Víctimas por la Paz. Dos meses después, el 3 de septiembre de 2022, ese espacio abrió oficialmente como Restaurante Punto de Paz: con mesas, mozos, una carta variada con pizzas y pastas, dos turnos de almuerzo y pago por QR. Lo que cambiaba era quién lo hacía funcionar: todo su personal cumplía condena e integraba el equipo gestor del proyecto. Punto de Paz se convirtió, por un año, en el primer restaurante del mundo gestionado íntegramente por personas en situación de cárcel.
No fue una idea de Liberté sola. Fue una creación conjunta con Víctimas por la Paz, la asociación fundada por el juez Mario Juliano y coordinada hoy por la Dra. Diana Márquez. Esa alianza —Liberté + asociación de víctimas— es lo que distingue a Punto de Paz de cualquier emprendimiento productivo carcelario del mundo.
La inauguración: una mesa que disolvió las distinciones
El acto inaugural fue un hecho simbólico de alta densidad. Por primera vez en la historia del sistema penitenciario argentino, víctimas de delitos y personas en cumplimiento de condena compartieron una mesa dentro de una unidad de máxima seguridad.
Estuvieron presentes referentes institucionales y sociales del ámbito carcelario, la viuda del juez Mario Juliano, víctimas llegadas desde distintas regiones del país y, por supuesto, las personas en situación de cárcel asociadas al proyecto. La Dra. Diana Márquez coordinó la jornada y aportó la mirada de Víctimas por la Paz desde la idea misma del proyecto.
Se sirvió mesa de fiambres, pizzetas, sándwiches y torta de postre. Pero lo que define el espíritu del lugar no fue la comida, sino una escena: durante la inauguración había dos personas en situación de cárcel cocinando y una de las víctimas invitadas se acercó a ayudar. El resto de los asistentes asumió que también formaba parte del equipo interno del restaurante. La distinción se diluyó en lo humano.
El concepto: RESTAURANTivo
El nombre del proyecto no es una metáfora forzada. Punto de Paz es a la vez un restaurante —con su carta, su personal de salón, sus turnos, su caja— y un acto restaurativo —encuentro entre víctimas y personas ofensoras, reparación de vínculos, recuperación de dignidad—. La justicia restaurativa, ese paradigma del que tanto se habla en los foros académicos, se hace acá una experiencia muy concreta: sentarse a comer juntos.
Cómo funcionaba: cuatro gestos que cambian todo
El comensal se sentaba a una mesa, consultaba una carta, elegía su plato, era atendido, pagaba por lo consumido y comía. Esa secuencia de gestos —rutinaria del otro lado del muro— adquiría dentro del penal un valor simbólico enorme.
El mobiliario —mesas, sillas, menaje— había sido donado por la Dra. Diana Márquez, presidenta de Víctimas por la Paz, quien aportó además su experiencia previa en el rubro gastronómico para estructurar la operación. La capacidad era de alrededor de 40 comensales por turno, en dos turnos de almuerzo (11:00–13:00 y 13:30–15:30) más servicio de desayuno.
La carta
Punto de Paz incorporó platos que antes no existían en la oferta alimentaria del penal:
- Pizzas, calzones y empanadas
- Pastas: sorrentinos, ravioles, ñoquis
- Parrillada y pollo al horno
- Picadas y sándwiches
- Postres: helado y torta
Para ocasiones y visitas especiales, el menú variaba. El locro del 9 de julio de 2022 —servido a juezas, jueces y funcionarios reunidos en el evento Garantías de Independencia— quedó como antesala simbólica de la inauguración formal del restaurante.
Pago 100% digital
En las cárceles bonaerenses está prohibido el efectivo. Por eso Punto de Paz operaba exclusivamente con medios digitales: transferencia bancaria y código QR. Esto lo convertía en uno de los pocos emprendimientos 100% digitales en operación intramuros del país.
El equipo
El restaurante funcionaba con un equipo reducido y altamente articulado. Siete personas en total, todas en situación de cárcel e integradas al equipo gestor del proyecto: dos en salón, dos en caja y facturación, y tres en cocina. El personal de cocina trabajaba además para la rotisería; el de caja, para el almacén contiguo.
Abastecimiento: nodo final de una cadena interna
Punto de Paz no se proveía de manera aislada. Era el nodo final de una cadena productiva articulada dentro del mismo penal: el almacén interno aportaba materias primas y bebidas, la rotisería elaboraba platos previos, la panadería suministraba panes y repostería, la huerta entregaba insumos frescos, y un corredor seguro acordado con el SPB garantizaba acceso a proveedores mayoristas autorizados.
Lo que pasó en estas mesas
En el año que estuvo abierto, Punto de Paz fue mucho más que un restaurante.
Fue sede de casamientos entre internos e internas y sus parejas, acompañados de operativos civiles extraordinarios que permitieron emitir DNI para internos, internas y familiares. No solo se fortalecieron vínculos familiares: también se regularizaron situaciones documentales que afectaban derechos básicos.
Recibió encuentros institucionales: el ya mencionado locro del 9 de julio, visitas de funcionarios y funcionarias judiciales, representantes ministeriales y referentes del sistema penal. Y, sobre todo, fue lugar de encuentros restaurativos: víctimas de delitos llegadas desde distintas regiones —muchas veces convocadas por Víctimas por la Paz— compartiendo plato y palabra con personas en cumplimiento de condena.
Catorce meses de un exitoso proyecto restaurativo
Punto de Paz funcionó como restaurante del 9 de julio de 2022 al 4 de septiembre de 2023: catorce meses en los que demostró, todos los días, que la fórmula era posible. Pizzas, pastas, locros, casamientos, jueces conversando con personas en cumplimiento de condena, víctimas que se acercaron a una mesa que el sistema no esperaba que existiera.
El espacio físico siguió en pie. Hoy funciona como comedor comunitario: una versión más simple del proyecto original, pero la huella del restaurante sigue allí, en quienes lo habitaron, en quienes lo visitaron y en cada plato que pasó por esas mesas.
Por qué importa
Punto de Paz fue el único restaurante del mundo con gestión integral a cargo de personas en situación de cárcel, y el único que integró activamente a víctimas de delitos en su diseño, inauguración y funcionamiento cotidiano.
No fue un comedor. No fue un taller laboral. Fue un restaurante de verdad, con su carta, sus turnos, su personal, su caja y sus clientes. Y funcionó dentro de una cárcel de máxima seguridad, durante 365 días.
En un país donde la conversación pública sobre seguridad casi siempre empieza y termina en el castigo, Punto de Paz ofreció una respuesta distinta: se puede restaurar. Y se puede hacer compartiendo una mesa.
Una creación conjunta de Liberté y la asociación Víctimas por la Paz · Coordinación general: Dra. Diana Márquez.